Vivienda

De la vivienda al hogar: casas en la literatura infantil

De la vivienda al hogar: casas en la literatura infantil

La vivienda es uno de los grandes problemas sociales de nuestro tiempo. Encontrar una casa, acceder a ella o poder mantenerla se ha convertido en una preocupación para muchas familias. Pero hoy queremos acercarnos a esta realidad desde una mirada más amable, la que nos ofrece la literatura infantil.

Porque una casa es mucho más que cuatro paredes y un techo. Es el lugar donde transcurre nuestra vida cotidiana, donde encontramos refugio, compartimos momentos, acumulamos recuerdos y construimos eso que llamamos hogar.

A través de álbumes ilustrados, cuentos y novelas, vamos a recorrer distintas maneras de entender y vivir la casa: desde la poesía de los pequeños momentos cotidianos hasta la búsqueda de una vivienda, las mudanzas, las casas de vacaciones y los hogares que permanecen en nuestra memoria.

La poesía del hogar

Comenzamos con la mirada poética e ilustrada de Concha Pasamar, que consigue transmitir la calidez del hogar a través de las estaciones, los objetos y esos pequeños momentos que hacen especial la vida en casa.

En Tiempo de otoño, el tiempo parece detenerse entre los aromas y la tranquilidad de las tardes:

«Cuando quiere, el tiempo se estira perezoso en las tardes en que la canela se adueña de la casa».

Y nos regala también esta preciosa imagen del hogar:

«Siento al acurrucarme el cosquilleo de la vida que calienta por fuera y abriga por dentro».

 

  

En otro de sus álbumes ilustrados, Un regalo de invierno, volvemos a encontrarnos con escenas familiares, con el calor de las pequeñas cosas y la sensación de bienestar que nos proporciona regresar a casa:

«Con las mejillas encendidas. Todavía en el tazón caliente. Me reencuentro con la casa. Hace bien el calor de las zapatillas heredadas».

Son palabras e ilustraciones que nos invitan a disfrutar de la casa como un espacio de afecto, protección y tranquilidad.

La vida cotidiana entre las paredes de casa

La literatura infantil también nos acerca a esos momentos aparentemente insignificantes que llenan nuestros días: despertarse, desayunar, jugar, compartir una habitación o disfrutar de la compañía de quienes viven con nosotros.

En los pequeños libros ilustrados El osito Kuma-Kuma, de Kazue Takahashi, publicados por Pastel de Luna, encontramos la belleza de una vida sencilla, pausada y cotidiana. Sus escenas nos invitan a disfrutar de los pequeños placeres y del tiempo que pasamos en casa.

También ¡Blas!, de Elena Hormiga, nos lleva a ese universo doméstico en el que las pequeñas cosas adquieren protagonismo.

Y si pensamos en los distintos espacios de una vivienda, no podemos olvidarnos de Casa de muñecas, de Ingela P. Arrhenius, editado por Combel. Un libro que nos invita a recorrer las diferentes habitaciones de una casa, descubrir sus objetos y acercarnos a las pequeñas escenas de la vida cotidiana que transcurren en su interior.

Hay, además, libros que nos recuerdan lo importante que es despertar en nuestro propio hogar. Es el caso de Lo que más me gusta del mundo, donde el placer de estar en casa se convierte en uno de esos pequeños grandes motivos de felicidad.

Encontrar una casa, construir un hogar

Pero antes de disfrutar de una casa, hay que encontrarla. Y no siempre resulta sencillo.

En el álbum ilustrado Una casa a la medida, la búsqueda de una vivienda se convierte en el centro de la historia. Porque encontrar una casa adecuada no consiste únicamente en disponer de un espacio físico. También importa que responda a nuestras necesidades y que podamos sentirla como propia.

La literatura infantil nos permite acercarnos así, con humor, ternura o imaginación, a una cuestión muy presente en la sociedad actual, la dificultad de encontrar un lugar donde vivir.

Y una vez que encontramos nuestra casa, puede llegar el momento de tener que dejarla.

Cuando llega una mudanza

Cambiar de vivienda supone mucho más que trasladar muebles y cajas. A veces, un nuevo trabajo de la madre o del padre obliga a toda la familia a cambiar de ciudad, de barrio o incluso de país.

Para los niños y las niñas, una mudanza puede significar dejar atrás su habitación, sus amistades, el colegio y los lugares conocidos.

Uno de los álbumes ilustrados que mejor refleja esta experiencia es Mi nueva casa, de Marta Altés.

Con su habitual sensibilidad y sentido del humor, la autora nos acerca a los sentimientos que acompañan a los cambios, incertidumbre, la nostalgia por lo que dejamos atrás y, poco a poco, la ilusión de descubrir un nuevo lugar.

Porque una casa nueva necesita tiempo para convertirse en hogar.

Las casas de las vacaciones y los recuerdos de infancia

Hay casas que no habitamos todos los días, pero que ocupan un lugar muy especial en nuestra memoria. Son las casas de los abuelos, las viviendas de vacaciones o aquellos lugares a los que regresamos durante la infancia y que asociamos con momentos felices.

En Un gran día de nada, de Beatrice Alemagna, una estancia en una casa rodeada de naturaleza se convierte en una experiencia de descubrimiento. Lejos de las distracciones habituales, el protagonista encuentra un mundo fascinante en el exterior. La casa es el punto de partida de una aventura que transforma su manera de mirar lo que le rodea.

También hemos querido incorporar La fábrica de papel, una novela gráfica para adultos, aunque puede ser leída por jóvenes. La traemos a colación porque una casa ocupa un lugar especial en la historia familiar de su protagonista. A ella regresa y con ella recupera recuerdos felices de la infancia, que forman parte esencial del relato.

Porque algunas casas permanecen con nosotros mucho después de haber dejado de vivir en ellas.

Casa como sinónimo de espèranza

Y terminamos nuestro recorrido con Un camino de flores, un álbum ilustrado en el que el camino hacia casa adquiere un significado especial.

La casa aparece como destino, como lugar de encuentro y, sobre todo, como espacio de esperanza.

Quizá sea esta una de las imágenes más bonitas que nos ofrece la literatura infantil: la del hogar como ese lugar al que deseamos llegar, donde sentirnos protegidos y donde compartir la vida con quienes queremos.

La vivienda es una necesidad fundamental, pero el hogar es también una experiencia hecha de afectos, recuerdos y momentos compartidos.

Y la literatura infantil nos ayuda a descubrirlo, página a página, a través de casas muy diferentes que, de una manera u otra, nos hablan también de la nuestra.

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